¡Así de Grande!

Ferber, Edna

Año de publicación: España 2015, EE. UU. 1925

Nórdica Editorial. 304 págs.

¡Así de grande! No es la novela más famosa de la escritora estadounidense Edna Ferber pero si la que lanzó su carrera. Con ella consiguió ganar el premio Pulitzer del año 1925, la cuarta mujer en conseguirlo tras Edith Wharthon, Willa Cather (sobre la que escribiré en un próximo artículo) y Margaret Wilson.

Edna Ferber tras la fama que consiguió con el premio, fue la escritora de dos de los mayores éxitos del cine clásico norteamericano, como fueron Cimarrón y Gigante (vemos al malogrado James Dean hablando con Edna en la foto de portada del artículo)

Me encanta la literatura de los años 20, época que supuso grandes cambios en la historia. La modernidad, el nuevo urbanismo, y la revolución en los transportes y comunicaciones iniciaron la construcción del mundo como hoy lo conocemos. Esta idea de cambio, de intenso cambio es el tema fundamental de la novela.

¡Así de grande! es la historia de una mujer, con un padre  de profesión jugador de póker.  Desde pequeña  inocula a su querida hija que el azar es lo que dibuja las vidas de todas las personas, pero que siempre se pueden manejar con inteligencia esas cartas para conseguir la mejor tacada. La historia de Selina Peake comienza tras su muerte fortuita, cuando queda huérfana, y la autora entronca los sucesos de su vida, con los de una nueva nación y con los de una nueva sociedad. Los comienzos de la era opulenta en los Estados Unidos.

¿Qué tiene de peculiar la historia de Ferber?, Pues que cuenta un ciclo vital, el de Selina, que partiendo de inmensas penurias hasta lograr  hacerse maestra, cumpliendo su sueño, para tener la libertad que pocas mujeres tienen a principios de siglo. Quiere ser feliz y alcanzar el magisterio en una escuela de prestigio de Chicago. Hasta ahí todo correcto, pero su primera oferta es en una destartalada escuela de una zona rural de colonos holandeses. Allí vuelve a ver la pobreza del siglo XIX y los valores rurales de las gentes campesinas. Lejos de presentar un conflicto, Selena se adapta e incluso encuentra el amor en un rudo pero bondadoso colono holandés. Los capítulos donde se habla de la relación del matrimonio tienen una altura literaria descomunal. La lucha entre los valores modernos de Selina y los valores tradicionales de lo que tiene que ser la mujer de un campesino, la de  De Jong (su marido), son narrados de forma tan sutil, tan preciosa, que logran emocionar por la situación tan irresoluble y dramática que supone para ambos personajes. Tras el nacimiento de su hijo Dirk, Selina transmite a su hijo sus sueños, que él no llega a comprender porque entiende que ella misma había renunciado a ellos aceptando la vida rural y olvidando su profesión. Prefiero no contaros más, de hecho creo que os he contado demasiado.

Concretando, Selina no entiende su matrimonio y su cambio en el proyecto de vida como una rendición al patriarcado, sino que lo toma como las cartas que ha querido jugar, y busca la felicidad con las bazas que tiene en la mano. De ese modo, otorga un brillo esplendoroso a todo lo que tiene alrededor, desde su mísera casa, su mísero huerto, sus míseros vecinos, y su mísera comunidad, pintándolo todo de  alegría y buen hacer.

El libro tiene un gran valor social, ya que también nos da una visión sobre la nueva sociedad de los magnates opulentos de Chicago y los cambios que esa opulencia provocó en las relaciones sociales. También Edna refleja en su novela, los primeros signos de rebeldía femenina, y hay una ligera crítica (no por la protagonista) a la relegación que muchas mujeres inteligentes admitían en sus vidas tras casarse con ricos empresarios y asumir el rol de mujeres sumisas.

Edna Ferber no se casó, y no tuvo ninguna relación conocida. Un periodista apócrifo le atribuyó lesbianismo, algo que ella nunca admitió ni dio a entender, y que puedo llegar a creer se atribuía a cualquier mujer que no contrajera matrimonio como debía ser en una mujer de bien.*

* Curiosamente la misma acusación que se le hizo a Willa Cather, aunque ésta si convivió con otra mujer, circunstancia que  oficialmente jamás certificó.